14 febrero 2015

LA TAZA DE CAFÉ

-¿Quiere crema?- me pregunta un individuo de mediana estatura, raya al costado, barba y lentes grandes, es negro.
(Antes les decíamos nerds, ahora se hacen llamar “hipsters”, pienso).
-Gracias, pero no, no deseo nada-.

Se aleja mientras ojea su smartphone y yo recorro con la mirada el patio, por donde la gente camina y también mira hacia adentro, miran mi ropa, mis zapatillas, mi polo gris, la absurda pita que llevo en la muñeca, siempre me sentí atado, siempre contenido, siempre la presa que no puede escapar del furtivo cazador.

Bebo un sorbo y mientras el amargo se queda en mis papilas, me acomodo el cabello, respiro y vuelvo a mirar a través del cristal hacia afuera, dos niños corren en direcciones opuestas, una muchacha gorda de cabello pintado va de la mano con un chico más bajito que ella, me da risa, que roche que el huevón sea más bajito que ella.

Y qué si el beso se lo robe, ¿Qué es lo peor que puede pasar?, siempre le digo eso a mis pacientes obsesivos; a ver Daniel, ¿Qué es lo peor que puede pasar si no te lavas las manos?, … me puedo enfermar, y ¿Qué es lo peor que puede pasar si te enfermas?, me puede dar algo grave… y ¿Qué es lo peor que te puede pasar si de enfermas de algo grave?... y así hasta el infinito, al final nos cagamos de risa… una chica entra al lugar, es guapa, lleva un morral cruzado marrón y unos lentes grandes negros, se pide algo con chía y me digo -¡puta madre!, hasta cuando esa mierda, siempre estamos con esas huachafadas, las oleadas de punkekes, metaleros, ahora esta huevada-…

Trato de recordar su rostro, sus manos estaban frías, pero no se alejó cuando yo me acerque, tampoco dijo nada cuando le tome el rostro y le acomode el cabello, esas son señales inequívocas de que una huevona quiere. La chica sale del lugar, el sol veraniego se filtra por la ventana que nos permite ver el patio de comidas del nuevo centro comercial, mi teléfono suena, lo saco junto con unas monedas que llevaba en el bolsillo, es ella, ¡mierda!, ¿Qué hago?, yo y mis preguntas filosóficas, me rio, mientras en mi mente me digo -contéstale pues huevón-, pero no lo hago, guardo el celular, cuento las monedas que llevo, son 80 céntimos, más la moneda de china y la de veinte céntimos, si la hago para irme a la jato.

A qué sabrá esa huevada de la chía, me pregunto, mientras acomodo el posa vaso que tiene el nombre del local, húmedo en la esquina porque se me derramo un poco de café, lo seco con la servilleta, después reparo que no estoy en mi casa y que además a ese negro de mierda le pagan para que limpie, así que disimuladamente meto mi dedo al café y mojo la mesa de color verde en la que estoy sentado, en este lugar todo es ecológico y orgánico, se lee en las paredes, ¡conchasumadre!, -pienso-, esa huevada también me la salte cuando hablaba de los punks, metaleros, me falto la de ecologistas, animalistas, pacifistas, y trato de recordar algunos más que terminen en –istas-, pero no llegan los recuerdos.

El café esta frío, como su mano, recuerdo, pero no renuncio a mis besos y además siento que sí me correspondió, no fue
el beso
, pero tampoco un piquito, el reloj de la pared avanza, y la gente por fuera del local también. Todo avanza en esta vida, el mundo, los relojes, el metropolitano, que es lento, pero me lleva a mi casa, hay un ritmo en ese avanzar, la música avanza, bueno, en nuestro país retrocede.

Me rasco la frente y siento que estoy perdiendo cabello, no como el cabello que le acomode antes de besarla, sus manos si estaban frías, recuerdo, y ¿Qué somos?, esa es la pregunta del millón, ¿Qué carajo somos?, me gusta es cierto, pero no como para estar, no es ella, tiene la nariz aguileña y es medio chola, ¡puta madre!, no la hubiera besado, a lo mejor no pasa nada me digo mientras miro por enésima vez mi café, me veo en el reflejo de la ventana a la calle, es cierto me estoy quedando calvo, como mi viejo, como mi abuelo, juego con la cuchara de plástico reciclado que me entregaron, con el sobrecito de stevia, que no use porque no sé qué es carajos es eso, igual que la chía.

De pronto la veo cruzar el patio, trato de no mirarla, pero no puedo, sé que viene hacia acá, cojo la taza y la rodeo con mis dedos, como rodee su cuello mientras la besaba y la traía sobre mí, suena la campanita de la puerta, levanto la mirada, una sonrisa se dirige a mí, me levanto cojo mi morral y camino antes que se interne más en el lugar y las personas del lugar vean que algo nos une.

-Hola- le digo.
-Hola amor-, me responde, la agarro de la mano y salimos del lugar.
-¡Joven!, ¡Joven!- volteo, el tipo de la cafetería nos sigue.
-Señor dejo sus Ray-Ban en la mesa-, -Gracias- le digo y me reflejo en sus lentes, soy él, soy la chica que llevo de la mano, soy todos los que están en el centro comercial, soy todos y nadie a la vez.


Enero, 2015

09 agosto 2012

Cumple 3.0

A LO LARgo de muchos días he sentido que la lejanía de esta fecha me miraba desde lo más recóndito, sin embargo a falta de algunas horas, siento que el agua ya está por hervir, siento que la vida se detiene, me mira, se sorprende quizá que este acá, y yo en medio de todo ese alboroto, me imagino que tengo menos edad y recuerdo, recuerdo cuando aún no llegaba a los 18, cuando no llegaba ni a los 10, y no recuerdo haberme imaginado, estar en la puerta de los 30, son muchos días, muchas horas, muchas experiencias, muchas salida, mucha lectura, aunque quizá deba cambiar la palabra “mucha” por “las justas”, creo que eso suena mejor, en realidad no sé muy bien cómo comenzó esta historia, algo sé, es cierto como que mi padre se enamoró perdidamente de mi madre, como la visitaba con frecuencia, como me pusieron un solo nombre, como llegue a Lima, como empecé a jugar futbol, hay muchos recuerdos e historias que se alojan en el baúl de los recuerdos, aunque para ser sincero baúl no tengo, será mejor decir, en el cajón de los recuerdos.


Ahora que la vida me serenado, creo que no hay nada imposible, que todo depende de uno mismo, de la actitud, que los años son un cumulo de experiencias, y que hasta de lo malo uno debiera aprender, aprendí a golpes, a tropiezos, con lágrimas en los ojos, con pérdidas afectivas y materiales, soñé con alcanzar a rozar el cielo y llegue, hoy siento que la calma, la paz y la tranquilidad viven en mí, no quiero que esto suene a poesía o canción de amor, pero mis dedos conjugan todas estas letras y eso es lo que escribo, ahora veo el camino por el cual voy a transitar, un nuevo trabajo, nuevas ilusiones, la familia propia, estrechar los lazos, vivir feliz, comer, reír, llorar, jugar, dormir, leer, cantar, respirar… todo eso que hice antes, lo quiero seguir haciendo hoy, llegan los 30 y con ellos yo me voy a continuar esta historia, mi historia.

Quiero ya para terminar agradecer a todos los que me han leído en alguna oportunidad, los que no lo han hecho y es la primera vez también, gracias por el tiempo.

11 abril 2012

LA MUERTE DE LOS JUGUETES



HACE ALGÚN TIEempo te quise, hace algunos años seque las lágrimas de mi ser en llantos profundos, deje marcas de piel en las paredes contra las que me arroje, quebré mis huesos en un intento desesperado porque me escuches, el sereno llego y en mis manos líneas rojas señalaban el fin del día y del sufrimiento.

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Encallado en la terraza contemplaba los días, las noches, el paso del reloj que dibujaba una especia de hipnosis con sus agujas y sonidos, la gente paseaba por las calles y a los lejos los niños invadían los parques buscando quien sabe qué, pero que los adultos reconocemos cuando los vemos sonreír y sentarse a nuestro lado con la respiración agitada y el sudor recorriendo sus rostros, esos últimos días me la pase metido en la pijama, descalzo, desalineado, esperando quizá la muerte, sabía que eso era lo único de lo que los seres humanos estamos seguros y es quizá lo único que va a llegar de todas formas, pero antes quería dejar un inventario de mis pertenecías así que con más obligación que deseo, decidí poner todo en orden, me propuse empezar la semana que iniciaba, total faltaban 3 días, pero la semana llego y nunca empecé, comprobé que no lo haría, así que decidí hacerlo sin planes de por medio, un día me encontraba contando los cubiertos, y a la semana siguiente, haciendo el inventario de los focos de la casa, algunas tareas realmente eran inútiles, como por ejemplo ¿Cuántos lapiceros estaban entre mis pertenencias?, alguien podría alegrarse de que se le heredara unos lapiceros… aún así continúe con mis tareas. Tres meses después me di cuenta que no progresaba, que los papeles estaban amarillo como mi ánimo.

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Seis meses después la idea volvió a abrazarme, quizá porque en sueños recordé la palabras de Jimena –!Nunca terminas nada, eres un bueno para nada¡-, eso y mi aburrimiento me empujo por segunda vez a terminar la tarea, así me comprometí a demostrarme a mí mismo que esas palabras no tenían ningún sustento lógico, así me lo dijo alguna vez mi psicóloga, contrasta la realidad y descubre si es cierto lo que tus pensamientos te dicen, la semana me parecía larga a medida que avanzaba, esta vez el ritmo se había instalado y una sonrisa empezaba a dibujarse en mi adusto rostro.

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Semana tras semana, apuntalaba en papeles los registros exactos de mis pertenencias, un día en el cuarto último de la casa, encontré una caja con un montón de juguetes, algunos viejos, otros rotos, otros absolutamente nuevos, los sostuve entre mis manos, estaban inertes, inmóviles, me imaginaba que así deberíamos vernos si algún gigante viniera y nos encontrara dormidos, seguro nos tomaría entre sus enormes dedos y entendería que éramos juguetes, muertos, privados de alma, me escape de tanta muerte y los deje en el piso.

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El humo del cigarrillo disipaba mis penas y me daba una mano a la libertad, en cada bocanada de humo que subía, sentía que se iba parte de mi con él, que juntos nos fundíamos con el aire, con el mundo, con el universos.


En las noches repasaba mis progresos, nuevamente la modorra y la apatía invadían la casa y no había forma de huir de ella, nuevamente me aplaste en el sillón de la terraza y contemplaba todos los días, durante la noche, esa extraña forma de morir que tenía por ejemplo el mundo, contemplábamos muertes de día, justamente todos los días, en mi cabeza avanzaban pasajes de historia y leyendas greco romanas, asiáticas, sobre dioses, héroes, muerte, vida, inmortalidad, y nuevamente los juguetes llegaban a mi cabeza, quizá esa fuese también una forma de inmortalidad, el sueño eterno, la ausencia de movimiento, quizá así vivíamos más, por eso los objetos no perecen nunca, no se mueven, no se desplazan, no gastan energías inútiles, como cuando íbamos a visitar a mi suegra, todos los fines de semana, veladas aburridas, insensibles, insostenibles, o tener que ir al banco, al cajero, en busca de papel, que nos permita realizar transacciones, creyendo que ese papel con números tiene algún valor, quizá se pueda evitar la muerte apelando a la ausencia de movimiento, me embarque en comprobar mi hipótesis, me deje dormir días, apelando a pastillas, remedios, rituales, pero al cabo de unos meses abandone esta nueva empresa, mis desorientaciones, me perdida de sentido del tiempo y demás de estaban jugando una mala pasada, baje de peso, me dolían las articulaciones, el médico me dijo que dejara mis obsesiones y que para comenzar me deshiciera de aquellas cosas que me hacían vivir atado al pasado, empecé por tomar la caja de juguetes y llevarla al parque, con un letrero encima que rezaba –SE REGALAN JUGUETES- la primera semana nadie se acercó pensó que quizá era algún truco, cámara escondida, broma pesada o que ese supuesto regalo acarreaba algún favor o pago condicional, al cabo de dos semanas se me acerco un niño, que le pidió permiso a su padre para tomar un juguete, con su venia tomo un carrito al que le faltaba una rueda y alegre se lo llevo, luego vino otro y otro, al final los juguetes, sí, aquellos que dormían el sueño eterno, cobraron vida y tranzaron bromas, juegos, con los niños que los disfrutaban y que dirigían sus destinos, los carritos pusieron en marcha sus motores, los soldados volvieron a revivir épicas batallas y los demás aceptaron su destino con alegría, entendí que la vida se debe al movimiento, a no dejarse aplastar en un rincón y olvidarse del mundo, encerrado en el silencio, un niño se sentó a mi lado empapado de sudor, en su rostro se dibujaba una sonrisa y en mi cara renacía la vida, la del movimiento infinito.
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Escrito en Lima, 11 de Abril de 2012